miércoles, 11 de noviembre de 2009

La comida en la literatura

Juan el Perfecto
Desperté, no sabía dónde estaba. ¿Qué pasaba? De repente, me dio un vuelco el corazón, y recordé que vivía un día después del Armagedón. ¿Estoy sólo? – preguntaba. A nadie alcanzó mi visión y busqué por si encontraba, alguien de mi congregación. Desde lejos observé que alguno se me acercaba. ¡Pero si es Mariana, aquella chica mundana que a mi nada me gustaba! Seguí caminando y dudé; no lo podía creer… ¿No es aquél chico Javier? ¡Si predicar no quería! Siempre obligado salía… ¡Cuántas cosas hay que ver!
Más adelante encontré lo que nunca imaginé. a la hermana Amatista, ¡ si era tan materialista! ¡Ni aún en el Paraíso la perdería de vista! Mi paciencia culminó cuando junto a mi llegó un compañero precursor que de listo se las daba, pero que, a mi entender, seguro que a las horas no llegaba. Estuve a punto de gritar: "¿Qué pasa, Jehová? ¿Qué hace esta gente aquí?" Pero mudo me quedé, y es que tuve que callar, porque en sus rostros yo vi que asombrados se quedaban, y es que tampoco esperaban que pudiera estar yo allí.
Moraleja:
Mira las cosas buenas de los demás; siempre lo hace así Jehová, porque si fallas de continuo Él mirara: seguro que al Paraíso ninguno pasaba.

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